Travesía peligrosa en Coatzacoalcos: cooperativa de lanchas ignora uso de chalecos salvavidas

Por Luz Magnolia Rodríguez Barrientos

Miles de personas cruzan todos los días el río Coatzacoalcos entre la ciudad y Villa Allende, sin que se cumpla con las normas básicas de seguridad. Desde las seis de la mañana y hasta la medianoche, lanchas y transbordadores trasladan a más de 10 mil usuarios diarios, en un trayecto de apenas cinco minutos que se ha convertido en parte de la rutina de quienes trabajan o estudian en Coatzacoalcos o del otro lado del río.


Aunque la cooperativa de lanchas presume casi 100 años de operación sin registrar accidentes graves, lo cierto es que el servicio se ofrece en condiciones irregulares. Los chalecos salvavidas, obligatorios por ley según la NOM-006-SCT4-2015, permanecen apiladosviejos y sucios, sin ser utilizados por los pasajeros.

Vida de pasajeros en Coatzacoalcos depende más de la suerte que de la seguridad


La excusa de los usuarios es sencilla: “apestan la ropa”, “están sucios” o “nunca se ha hundido una lancha”. Pero detrás de estas frases se esconde la violación sistemática de una norma que busca salvar vidas. Los chalecos no son certificados, carecen de talla adecuada y tampoco incluyen equipo básico como silbato, lo cual agrava la situación.

Foto: Felipe Guzmán / Imagen del Golfo

El cruce puede resultar pintoresco por el paisaje del puerto y el tránsito de buques petroleros, pero esa postal oculta un riesgo latente: una travesía fluvial que se realiza “a la buena de Dios”, confiando en la suerte y en la costumbre, más que en medidas de prevención.


El Ayuntamiento subsidia además dos transbordadores que cobran 2 pesos por pasajero y 15 pesos por vehículo, sin garantizar tampoco el uso de equipo de seguridad

Foto: Felipe Guzmán / Imagen del Golfo

La travesía no se limita a Villa Allende; en ocasiones, también se habilita el transporte hacia Nanchital, con un recorrido de 25 minutos. Ahí, como en el cruce habitual, las normas de seguridad son letra muerta.


En Coatzacoalcos, la movilidad cotidiana de miles de ciudadanos se sostiene en un servicio fluvial donde el cumplimiento de la ley es ignorado y la prevención, relegada. Mientras tanto, la vida de los pasajeros depende más de la suerte que de la seguridad.

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